Por dónde íbamos?
Recelo del tiempo pasado: En vez de la mugre, el polvo y el deterioro que se ceban con lo físico, los recuerdos se maquillan antes de salir a la calle, se afanan por parecer jóvenes, frutales, coloridos y acaban haciéndote cantar (esto quizás es lo peor) El Baúl de los Recuerdos de Karina. Quizás ahí acabe la pantomima del Recuerdo Perfecto. Quizás ahí, con el cantar de imbécil, el Recuerdo Limpio se quita la máscara, deja las lentillas en el estuche, pone la peluca en el tocador y la dentadura postiza en el vaso de la mesita de noche para deshacerse y reconstruirse como fue, como realmente fue, como la sentiste si quieres no hablar de Realidades. Entonces quizás el Recuerdo Blanco se salpique de frío, de ganas de huir, de noches sin dormir, de inseguridades, de mal sexo, de sexo cero, de lloros borrachos mientras alguien cantaba Eight Days a Week alegremente en el piso de arriba. Quizás entonces el Recuerdo Coqueto se caiga sobre la rutina de días en una oficina sin nada más que hacer que pensar, de días cortos, sin pasión, de soledades impuestas, de libros sin acabar.
Quizás el tiempo pasado no parezca más un tiempo mejor.
Y sin embargo... no puedo no mirar atrás y recordarme por otras calles, en otras casas, en otras latitudes, con otras personas, otros cuerpos y no sentir algo que quizás sea nostalgia. Tal vez todo sea el que detonen junto al presente cargas de enorme profundidad que traen aguas frías a la superficie haciendo el banho más placentero
Sigo en París, aún sin domar la ciudad: que corra y me sorprenda. No ha llegado el momento de aburrirme todavía.