Localicémonos
Vamos a localizarnos y a encontrar el núcleo de nuestro error. O al
menos localicémonos y luego ya veremos si hay algo que pueda ser
llamado error que, para ser sinceros, no creo que exista. Pero... ah!
la letra de una canción puede llegar a traer tanta magia que te puede
hacer creer incluso lo que no es. Localicémonos. Estos son los lugares
sin "last but least", en su orden, tal y como existen en mi pequeño
universo:
El salón de mi casa, 53 Bread Street 11, EH3 9AH. Pocos lugares como
este en el que no es que me sienta YO, es que es mío mientras dure el
contrato. Es la continuación de 6 McNeil(l) Street 1F1 y tirando del
ovillo, de Miguel Cid. Hacer una osera, una cueva para el refugio, un
lugar que llamar CASA, carajo. ¿Se entiende? Si sí, entonces sigue
leyendo, si no qué carajo haces aquí.
Sigo: Número 2 de la lista. Estricto orden. Bo´s, comunmente conocido
como Black Bo´s pero lo común se disipa en el terreno del error
cotidiano y si Bo´s es suficiente, entonces puedes llamar a Blackfriars
Bo´s como te dé le gana. No te entenderé yo ni el resto de los que allí
nos congregamos. Bo´s, idiota, Bo´s. Y si el lunes no hay apenas nadie,
qué importa: ninguno vamos para pasar the biggest time of our life,
vamos porque nos encontramos ahí sin decir nada, un acuerco tácito como
el Cabaret Voltarie el miércoles noche... y eso, querido, es mucho más
que lo que puedas imaginar porque ESO es sentirse parte de la ciudad y
ESO es lo que hemos andado buscando. Sí.. aunque en estos altavoces
suene música peninsular y en el trabajo pase ocho horas oyendo Radio3,
eso es mucho más "integración" que saberse el NME de memoria, las
últimas de la BBC4 o cualquier otra cosa que quieras poner delante de
mis cojones, que están bien plantados, viva dios, arriba españa.
Integración es sobrevivir en el paisaje nuevo, sólo eso. Y disfrutarlo,
coño, disfrutarlo. Y se disfruta, tenlo bien claro y mucho, y
mucho más que lo que se disfruta el lugar común, el lugar que recrea el
momento plácido, equívoco de la niñez. Sí... Qué más da ponerle unas
gotas de tabasco español a un mundo que es, globalización, querida,
globlización, tan igual al nuestro. ¿Quieres integrarte? Adelante,
escoge: para integrarte aquí puedes escoger el disfraz de hindú,
paquistaní, griego, italiano, español, español del sur, checo, polaco y
si tienes suerte y quieres sentirse especial, escocés. Esto es el lugar
donde vivo: venga, no puedo evitarlo, se me escapa con toda su obviedad:
crisol de culturas. Reunión, religión continua y hacer de tu diminuta
característica diferenciante una gracia. Eso es integrarse en este
lugar, no comer mierda ni adquirir el concepto comercial de vivir.
¿Sabes que es integrarse? Integrarse es preguntar dónde llevar a unos
amigos extranjeros y que te respondan que de compras a Glasgow. Eso es
integrarse. Si buscas más allá, entonces no te estás integrando, estás
siendo ESPECIAL.
El tercer sitio es el Last Drop. Pasé seis o siete horas charlando
contigo allí. Si no lo hubiera repetido con otras personas, de todos
los sexos posibles, diría que eres especial. Pero eres especial por
otros motivos, no por quedarte bebienda medias pintas de Stella al
calor de una conversación pro-antropológica. De todas formas, el Last
Drop está tan cerca del punto 1, de mi casa, que es lugar de encuentro
hasta de gente que conozco cuando llego ataviado de mi
abrigo-segunda-mano-qué-barato-no?-qué-cojonudo-anda-ya-pídeme-otra. En
el Last Drop me puedes encontrar por casualidad, sin querer, sin hacer
esfuerzo. Pasas por casa, tiras del telefonillo y si no hay respuesta,
te vas al pub de marras. Eso es integración. El resto, son ideas
prefijadas que aquí, en este blog y en esta vida mía tienen tanta
cabida como un inmigrante en una reunión de xenófobos.
El cuarto sitio, donde puedes parar a tomar aliento en mi búsqueda, si esa búsqueda realmente te apetece, está en la paralela de
Blackfirars St.. Ven a verme allí sólo un miércoles noche. El sitio es
el Cabaret Voltaire y probablemente me halles con mi capa de magia
extendida toda lo grande que es declarando mi amor a alguna mujer. El
Cabaret Voltaire, tan lleno de españoles que da miedo; el Cabaret
Voltaire tan vacío de gente que da pánico. Pero ahí estaré, miércoles
noche, botellín de Stella a 1.50, vivan los precios populares y sigo
pensando que mejor eso que ir de compras a Glasgow para hacer de
cicerón.
El quinto lugar, y último porque aprieta el cansancio, el alcohol, las
noches sin dormir. El último lugar, decía, es el dormitorio de Bread St.... ah,
odio esa denominación, dormitorio, sí... suena a años pasados, a
parejas sin salazón....no: es mi cuarto, el lugar donde duermo. Ese es
el quinto lugar: a room with views on a roof without aliens; a room
where you can lie without fears; a place where you can build a dream
without sleeping. Ese es mi quinto lugar: una cama, una mesa para
estudiar y un sin fin de maybes.
Localicémonos y encontrémonos en algún lugar común. Cada día parece más sencillo.
Cabaret Voltaire
Home sweet home
Bo´s
Inercia
Aunque lo fácil es pensar, como yo mismo pienso, que es por algún gen que me hace víctima propicia de cualquier sustancia, persona, situación, juego o tic nervioso, creo ferviertemente que todo se debe a alguna otra parte de mi cromosoma que se alió con la primera de Newton y que me vuelve inercia pura, objeto que, si ninguna otra fuerza lo evita, se queda en reposo absoluto o en movimiento al ritmo de la que lo originó.
Del reposo me sacaron a empujones irregulares que me hicieron variar mi trayectoria innumerables veces en muy poco tiempo, más parecido a una bola de pinball que a una nave espacial reetrando en la atmósfera terrestre - atmósfera, por otra parte, de la que estaba ausente - aunque con buenos jugadores que no dejaban que cayera al agujero de la partida acabada.
Así, partiendo de ese mi gen y de las fuerzas externas, viajo ahora en una dirección sin sentido concreto pero que lleva arrastrando los restos de todo el esfuerzo de los últimos meses, una cola de cometa que brilla en la oscuridad y que, cuando la miro, la siento tan mía como de los agentes provocadores. También, delante, aunque nada veo, sé que hay más experiencias que iré a recoger porque sí, porque hasta levantarse por las mañanas se ha convertido en una experiencia irrepetible.
Un brindis al sol por todas esas fuerzas vivas de mi sociedad.
Bonn - Berlín - Bonn y fin de la aventura alemana... por ahora
Si no fuera porque cada sitio que visito se me antoja como próxima
vivienda, diría que dentro de poco mi dirección postal incluirá
"xxxStrasse, Berlin". Las promesas se vieron desbordadas; la
imaginación, disparada; los sueños, recuperados. Berlín está por hacer.
Como yo mismo, fue ciudad madura pero se aburrió y volvió a ser
adolescente, con un aire que en nada se puede comparar al arquetipo del
alemán recto, de ideas fijas. Lo único fijo son los miles de puentes
que cruzan el Spreed y que abrazan el Este y el Oeste. Queden los
puentes para Berlín y para mí.
Edinburgh me recogió anoche en sus brazos cálidos, cosa rara cuando
siempre me recibe con vientos y lluvias, como no queriéndome volver a
perder, ofreciéndome lo mejor que tiene para que olvide otros destinos.
Las ciudades me parecen más y más colchones de espuma.
Refuerzos... sintonías... música para mis oídos.
Fünftens Woche
Seguid intentándolo. Cada vez os queda más. Cada paso en mi dirección os aleja más y más. Cada petición me cierra un poco más los oídos. Cada repetición se lleva un milímetro de mis ojos abiertos. Seguid, seguid: pronto ya no estaré aquí y vuestro trabajo, ese que os parece tan importante, ese en el que os queréis realizar, se diluirá en mi cabeza que ya no está aquí.ffice
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Quinta semana en Bonn. Fünftens Woche. Cinco veces por dos aeropuertos; dos por tres estaciones de tren; miles de taxis; casi doscientas horas sentado frente a un monitor de pantalla plana en el que más veces he leído sobre Spencer, Boas, Darwin, Ferguson o Rousseau que sobre VCM, VAP, LDAP o cómo implementar Weblogic en un cluster. Prioridades: diversión y luego la obligación. Lo siento por mi padre: me inculcó lo contrario pero me dio mal ejemplo: sólo vivió al dejar de obligarse y se le hizo corto.
Con tanto tiempo pasado entre los que me exigen una profesionalidad que no puedo darles, como no puedo dar amor por el simple hecho de que se me pida, como no puedo reír gracias que me componen el rictus, me he ido olvidando de que mañana me esperan en la estación de metro de Warschauer Strasse. Promesas de cena en el barrio turco y cócteles por alrededor. No llevo plan: no hace falta. Voy a ver a la Maga del Sur y a su chico. Berlín es sólo el decorado.
Zweiter Woche
Los ánimos atemperados, más los suyos que los míos que siguen yendo a
remolque de mi curiosidad, de esa gana (Gana) de hacer de esponja e ir
dejando un rastro, por ahora sólo de pequeñas gotas, pero que no muy
tarde será reguero. Aprendí que para aprender debía dejar vergüenzas y
miedos, mejor parecer un idiota que lo intenta que un memo que no se
entera. Y si le digo que Nein cuando me está preguntando si me ha
gustado la comida, rápidamente le cambio la cara, le cojo la mano y le
digo que Ja, Ja!! Mejor esa confusión que el silencio de mierda.
Esta semana me ha tocado Bonn en la lotería. La anterior era todo
camino de pero esta ha sido dentro de. Dejar el hotel, pasear hasta el
centro histórico, pequeño, donde sobresale el edificio (naranja) de la
Universidad. Meter mis pies mojados en el Zebulon y abrir una revista
de la que entiendo el uno por ciento. Y es suficiente. Ya llegará el
momento de que el porcentaje crezca. Alimentarme de Weissbier y
palabras nuevas. Esperar a Robbie mientras un tipo con cara de pesado
al que he tenido la mala idea de preguntarle dónde está el bar en el
que estoy en el mapa robado del hotel, se sienta en mi mesa y se
encuentra con mi total indeferencia. Sé a quién tengo que hablarle y
usted, caballero, sobra. Lo sé. Lo huelo. Y si tiene algo interesante
que contarme, adelante, pero no se quede esperando que yo abra el mazo
de las cartas de la conversación. Que las cartas sólo las reparto para
ella.
Luego el cambio de hotel. El equipaje a la oficina a la que ya sé
llegar andando: Una ciudad en la que puedes andar es doblemente ciudad.
Las horas allí, inocuas... no, no completamente inútiles. Aún haciendo
el mínimo esfuerzo están contentos y ya no me repiten "We´re looking
for other skills". Quizás no les quede otra que aguantarse. Que se
aguanten. Yo, la mirada puesta en el reloj y a las 17:30, como si el
reloj fuera yo, "Auf wiedersehen. See ya tomorrow". Y vuelta por el
polígono industrial donde las putas se arremolinan alrededor de las
luces de los mismo Mercedes que estaban aparcados cien metros más
arriba. Luces rojas y neones para anunciar cualquier cosa. Mercado de
carne tras los cristales de nombre conocidos. Se venden mucho más seres
humanos tras las corbatas y los trajes que en los cruces. Va a ser
difícil, muy difícil, que alguna vez me identifique con el logo de una
empresa. Muy difícil. Entender el negocio como negocio. No me pidas
devoción. La devoción empieza al acabar las ocho horas obligatorias. No
hay devoción con obligación, idiota.
Ya no hace falta que Robbie me llame, ni que me mande mensajes. Sabe
que me puede encontrar en el Zebulon. Me gusta. Dos semanas y ya tengo
mi cachito de Bonn para mí. Identifícame así pero no me pongas la T
Book Antiqua para reconocerme. No lo intentes con el amarillo y verde
tampoco. Ni con la S verde y azul. Soy yo quien os utiliza y a mí el
hambre y las facturas... como a todos.
La semana que viene toca Edinburgh. Me siento en casa... también. Me
siento en casa allí donde puedo sonreír sin dar explicaciones.
Alemania. Erster Woche
Primera semana en Alemania. Tres días que sólo el trabajo, la maldita
maldición de hacer lo no querido pudieron, intento desesperado,
empañar. Porque de ninguna manera la desazón del primer día "We asked
for someone with other skills" puede borrar momentos de atardeceres
frente a un Rhin majestuoso sobre el que las barcazas, enormes, ora
cargadas de humanos bajo el neón de "Viaje con nosotros a mil y lugar",
ora con fardos entibados, se desplazaban sobre atardeceres de otoño de
color naranja como aceite sobre agua. Tampoco puede borrar la
persecución de ganador seguro de una luna llena que se intentaba
ocultar tras campanarios barrocos, tras casas estilo hanseático, sí,
allí llegó también. Cómo podría si mis pasos debieran parecerle, a
ella, a la luna redonda como un sol, igual a un león ávido de algo que
echarse al cerebro. La cogía desprevenida en callejones peatonales, en
el paseo que pretendía ser frío pero que, mi cuerpo acostumbrado ya a
un invierno eterno, no era más que estación de pensamiento; la atrapaba
descuidada al amanecer, cuando todo Bonn despertaba y yo, también
sujeto a horarios indeseables, me reía del despertador porque no me
llegaba a doler, sino que lo abrazaba por darme la oportunidad de
cazarla. Luego volvía a repetitse "We´re looking for someone with other
skills" pero antes había tenido conversaciones de "Guten Morgen", de
"Ich sprache keinen Deustchen" y su sonrisa, amplia como la luna que se
comenzaba a esconder, que me decía, "Me has tenido en la noche y en la
mañana. Es hora de que te deje con el Sol", que me acompañaría hasta
después del camino en taxi, hora punta para recorrer los quince
kilómetros que no dolían, más naranjas otoñales, más colores verdes,
amarillos, camino de la sequía de hojas que, por segunda vez, se me
antojaba un sueño a mi alcance. Y como sueño las quise, las amé y no
las fotografié más que con la cámara de mis ojos. Deuschtland,
Deuschtlan über alles. Y el lunes, vuelta... quién sabe si habrá retono.
Deutschland, Deutschland über alles
El despertador debió de sonar a la misma hora que el resto de los días
entre semana. Quizás se encendió, saltó la radio, que a esas horas es
ininteligible, y volvió a apagarse. Quizás lo hiciera como
habitualmente, varias veces: encendido-apagado. Pero no la oí. Sólo oí
el teléfono delatador sobre las diez: "You´re sick?", "I am. See you
tomorrow". Las ropas seguían empapadas. El paraguas es poco consuelo
cuando a la lluvia torrencial le sumas el viento polar. Recuerdo haber
saltado sobre algunos charcos. También que hubo momentos cálidos cuando
me dejó su chándal marrón que me quedaba ajustado y "Pareces Nureyev";
que hubo sorpresa porque el Cabaret Voltaire estaba inundado. Debía
llover más de lo corriente si no, no se entiende.
Después del Alka-Seltzer, porque si a Chinasky le iba perfecto a mí me
debe de ir mejor, después del ibuprofeno, después de los cafés y varios
episodios de Goku, porque no los vi en su día, otra llamada. Le di la
vuelta al móvil como si no viendo la pantalla azul gritando sirviera
para no seguir escuchándolo. Luego el ring corto de "Audio Message".
"Give me a buzz when you can". Tardé. Primero el afeitado, la ducha
para reparar la culpa, comer como un cerdo porque hay que meter
oligoelementos en el cuerpo, y vitaminas e hidrocarbonatos. Una pequeña
siesta y ya me sentía con fuerzas para enfrentarme al jefe al teléfono.
"Yes... not very well... Maybe flu"
"Are you happy going to Bonn on Monday"
"I´m always happy, man"
"It´s for two months"
"Sounds good"
Los detalles económicos, los vuelos semanales, el tipo de trabajo...
todo me resbalaba. Deustchland, Deustchland über alles sonando en mi
cabeza justo cuando mi cabeza está llena de un Edinburgh en otoño de
color. Y ya tengo visto los vuelos Bonn-Berlín para ir a ver a la Maga
del Sur y a Colonia que es donde quiero dormir entre semana. Son sólo
37 kms y más promesas.
Pepe, venta pá Alemania... y me llevaré el chorizo colgando del traje de consultor, claro que sí.
Vynil Vintage
Si comienzo diciendo "Y recuperar mis discos" sonará a cantos de otros
pero los he de recuperar. Los vinilos... colección diminuta que dejé
tan olvidada como olvidé sentimientos, sabores, voces y gente. Pero he
puesto en marchar el proceso de volverlos a tener aunque no los toque,
aunque no los vea, de saberlos a salvo de la mano indiferente que todo
lo raya. ¿Cómo se me pudieron olvidar en aquella mudanza interminable?
¿Por qué no fueron en el primer paquete? ¿Porque el primero, el
segundo, el tercero, el décimo estaban preñados de libros? Esos
discos,... Toda una historia, pequeña, como
todas las historias personales, pero mía: desde el US3 que compré en el
Corte Inglés cuando definitivamente dieron por muerto el mundo de los
surcos para reemplazarlos por los pulsos digitales... 20 duros por una
maravilla; todo The Beatles excepto el Beatles for Sale que nunca
llegué a tener por malas casualidades; Carmina Burana en la edición
"Mire hasta qué somos capaces de venderles por Navidad"; el Exile on
Main Street con la colección de fotos imposibles; alguno de Bowie
cuando no escuchaba a Bowie; el plátano,..., que la Velvet continúe
entera en la estantería; más... hay más pero los olvidé como olvidé a
quien no conocí y a quien no vi. Cada disco tiene su momento, el de la
compra, el de la primera escucha, el del salto indeleble, el de
ruptura, la firma en cirílico, la firma dulce de quien te lo regalaba.
El momento de grabarlo una vez y otra y esparcirlo entre tus amigos,
entre los amigos de tus amigos. No me ocurre ya. Ahora no hay flirteo,
no hay vueltas por los estantes ni hacer cuentas para llevarte el
Sargent Peppers a la cama; ahora es sexo descarnado, directo al oído:
un click y una corta espera, sin más sobresaltos que la música
digitalizada, sin roce: del éter al cerebro.
¡Por dios que mañana vayan a por ellos antes de que lleguen los del Culto!
Hum
Me he pasado los últimos 45 minutos caminando desde el final de una
reunión nada prometedora de informáticos en varios idiomas hasta casa
canturreándole a todo el que se cruzaba en mi camino de viento polar
"El hombre que casi conoció a Michi Panero". Nada especial. Es la
última canción que escuché antes de salir de la oficina y que no pude
"get rid of it" porque me mandaron a comulgar con partidos de fútbol
que, ya hace tiempo, no me interesan más que por el acto social, por
rodearme y ser rodeado. Pero llegué a casa, al calor tan tópico y tan
placentero del hogar y me puse Hum. Hum es uno de esos grupos que
llegaron a mí por la mano de Viñuela, bandas que sólo él y unos cuantos
más conocen y que a mí me hacen alegrar el día o la noche porque sí,
porque me gustan, sin más. Sólo por eso y por la exclusividad. No....
la exclusvidad musical, como la amatoria, no tienen sentido: mejor
compartirla.
No hubo tiempo ni lugar para el exorcismo de Nacho Vegas: el color de
una flor sólo con el olor de otra flor se mata. Mañana más y me iré a
la cama con "Dreambot".
Luego está el "No voy porque queda lejos" y suena a "No voy porque no
sé qué va a pasar" y se prefiere pensar que sentir pero queda el poso
de besos de cazadores furtivos cazados y noches de palabras mágicas que
ríen en sueños. Todo eso queda. ¿Quién puede dormir con el rictus
sombrío hoy?
P.D.: Y sí, Rakelilla... lee "Corre, Conejo, corre" que te encantará.
Garota
Hoy le cantaba al messenger escribiendo letra y la corchea que sale con
el (8), ya que al oído no podía porque la distancia es lo que tiene y
más el estar en una oficina y no me iba a poner a gritar por el micro
que no tengo aunque quisiera, aunque aquí más de una vez me hayan dado
el golpecito en la espalda porque ya me colaba y no sólo cantaba para
mis adentros sino que salía y con el boli se golpea el teclado
siguiente el ritmo y antes también lo hacía y también me mandaban
callar... algunos, otros lo echan de menos... Decía que le cantaba al
messenger (uhmmm... .suena ridículo... lo sería si no fuera porque
hacerlo devolvía una sonrisa, virtual también, pero sonrisa al fin y al
cabo) "A garota de Ipanema", porque sí, porque significa un momento en
el que sé que ella se divertía viéndome bailar con mi cintura de
escayola en medio de la oficina aquella de gallinitas ponedoras. Como
la letra me la sé a media o ni tan siquiera me la sé, acudí a mi amigo
Google y acabé con la partitura y con una foto de una tienda en la que,
sí! he estado!!..... Y aquí subo ambas, para dar sonrisas a quien las
quiera y para darme el gusto de recordar que "JAC estuvo aquí".


Joder... y el 30 de Octubre toca Marcel Baden Powell!!!!